Del salero de la abuela a la revolución de la química

Puede que alguno os sonriáis ante la simpleza del título y del producto conocido por todos.

Pero precisamente por esa simpleza y por la gran importancia que ha tenido en la historia de la humanidad, se merece cuando menos un recuerdo.

El término sal es conocido a la vez que los cuatro elementos Tierra, Aire, Agua y Fuego, sin que los primeros alquimistas la definieran.

Desde los albores de la humanidad fue usada como moneda de cambio, como conservador y saborizante de los alimentos, sin que se tuviera la menor idea de su importancia, ni se conocieran sus propiedades.

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El descubrimiento de que la sal era un producto químico se debe al médico francés Henri-Louis Duhamel de Monceau, que descubrió en 1736 que el carbonato de sodio y el ácido clorhídrico  producían una solución con sabor salado, el proceso lo termino  Humphrey Davy en 1807, que consiguió un producto idéntico a la sal, quemando sodio en un recipiente lleno de cloro.

No tiene sentido sintetizar el cloruro sódico, cuando lo tenemos más barato y en mayor cantidad, ya sea por medio de la minería o por evaporación del agua de mar.

Cuando se califica el sabor del agua de mar como salado, lo asociamos al cloruro sódico, pero esto en principio no es real, en el mar lo que hay es iones sodio procedentes de rocas disueltas como silicatos y carbonatos e iones cloruro originarios de los volcanes submarinos y respiraderos, cuando se evapora el agua del mar los iones se concentran hasta un punto en que precipitan en la forma de cloruro sódico.

El uso de la sal va más allá de lo meramente culinario no supera el 4% del gasto total, durante bastante tiempo se ha empleado para conservar alimentos y en el uso industrial de la fabricación de plásticos y detergentes, hoy su mayor uso es para evitar la formación de hielo en las carreteras

Pero lo que probablemente alguien desconozca es que la especie animal necesitamos la sal en pequeñas cantidades para regular el balance de líquidos en nuestro cuerpo

Concretamente el sodio, tiene un papel fundamental en el metabolismo celular, manteniendo el volumen y la osmolaridad (esta en los fluidos corporales es de 281 miliomoles /lt  de solución, similar a una solución de 0.9% de cloruro sódico), a la vez participa en el impulso nervioso de la concentración muscular, el equilibrio ácido-base y la absorción de nutrientes por las membranas.

La cantidad  de sodio requerida por el organismo equivale a 400 mgr/día.

Se absorbe en el intestino delgado y de allí es llevado a los riñones donde se infiltra  y regresa a la sangre para mantener los niveles apropiados, la cantidad absorbida es proporcional a la consumida.

El 95% de la perdida de sodio es a través  de la orina y el resto por las heces y el sudor.

El mecanismo regulador del proceso involucra a los riñones, el sistema nervioso simpático, la circulación de  catecolaminas (hormonas como la adrenalina, noradrenalina, dopamina) y la presión sanguínea.

Su déficit puede provocar, incapacidad para digerir los carbohidratos, impulsos nerviosos, alteración del ritmo cardíaco, falta de energía, deshidratación, mareos, hipotensión.

Por el contrario un exceso tampoco es aconsejable por producir hipertensión, insuficiencia renal, cálculos renales, etc….

Químicamente la sal es un compuesto iónico formado por   el ion CL- y el ion Na+ en una estructura cúbica , esta estructura cristalina posee menos energía que los iones por separado, de aquí su estabilidad

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La síntesis del cloruro sódico es tan simple que se produce a diario a la presión normal.

Trabajos recientes en la Universidad Estatal de Nueva York, dirigidos por Artem Oganov ha desarrollado un código computacional llamado Uspex que predice estructuras de cristal con distintas composiciones químicas a determinadas presiones y temperaturas.

Usándolo construyen compuestos que violan las reglas de la química

Según Oganov, “al cambiar las condiciones externas como la presión y la temperatura, las energías cambiarán y compuestos prohibidos podrán llegar a ser estables.

Una de sus pruebas las ha realizado con el cloruro sódico de reconocida estabilidad donde se cumple la regla clásica del octeto, el sodio cede su electrón y el cloro aporta sus siete electrones y forma un fuerte enlace iónico.

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La sorpresa apareció al someter la molécula de cloruro sódico a una presión rondando las 200.000 atmósferas y aparecieron moléculas hasta hoy impensables, como Na3Cl (cloruro trisódico) y NaCl3 (tricloruro sódico), al parecer estables.

Esto señores de ser así, hecho que no me atrevo a poner en duda, rompe con los esquemas  de la química clásica y supondría el principio de una revolución, pensar por un momento que según Oganov, la presión en el centro de la Tierra es de 3,6 millones de atmósferas y que las presiones del mundo exterior pueden influir en la aparición de un sinfín de compuestos nuevos en los distintos planetas.

Todos nuestros conocimientos químicos están basados en principios de presión atmosférica, de ser ciertas las nuevas teorías nos veremos obligados a aceptar cambiar y ampliar las leyes químicas que conocemos y eso es revolución positiva.

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Un comentario el “Del salero de la abuela a la revolución de la química

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