El arcón de la abuela , o el aleteo de una polilla

Las cosas en este mundo no se producen porque si, sino por existir  principios que las activan, generalmente no hay que buscar grandes eventos ni situaciones extremas, a veces se desarrollan en pequeñas historias.

Hubo una vez un joven, que sentía curiosidad por las cosas que le rodeaban, cuando tuvo edad de estudiar o trabajar, su padre sopesó sus posibilidades y decidió lo primero

Como su afición  no eran las letras, eligió la química, sin tener ni idea del mundo en el que entraba.

Años después como tantos jóvenes de su generación encontró a la que sería su compañera y se casó.

Hasta aquí no os he contado nada que no le haya pasado a millones de personas de su época, la verdadera historia viene a continuación.

Entre los diversos regalos que le hicieron los familiares y amigos, vino uno muy curioso era el arcón de la abuela, la madre de su madre, una señora octogenaria que había recibido ese arcón de su abuela y que al parecer venia de generaciones anteriores como una reliquia que se iba transmitiendo.

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Según tengo entendido la primera impresión de la esposa era que aquello no pegaba ni con cola, con sus muebles modernos, pero aceptó a regañadientes por darle el gusto a la suegra.

Terminó metiendo el arcón en una habitación de trastos y pensó en buscarle una utilidad, de  forma que fue llenándolo de pantalones y jerséis fuera de temporada y todos contentos.

Pasados unos meses, un día fue a buscar algo al arcón y cuál fue su sorpresa al encontrarse  una de las prendas agujereadas y comprobó que tenían un problema de polillas.

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Todo alterada llamó a su marido y le contó el problema, la primera idea fue la de fumigar el arcón y la habitación antes de que se extendiera la polilla, pero como él era un hombre de ciencias curioso, se puso a indagar todo lo que había sobre polillas.

Se conocen como polillas a   distintos insectos que proliferan por algunos alimentos, ropas o muebles se denominan Saprófagos (los que ingieren material sólido, que luego digieren), generalmente se presentan en forma de mariposas pequeñas y sus larvas son las que devoran los alimentos y demás productos, se clasifican en cuatro familias del orden Lepidóptero:

Los tineidos, los pirálidos, los geléquidos y los tortricidos.

Dentro del grupo de los tineidos, merece mención especial la que nos ocupa, la historia escrita de esta polilla seguramente tan vieja como la humanidad, comenzó por los años 1880 cuando el francés Jean-Henri Fabre, colocó una polilla hembra en una caja  la retuvo varias horas, después la dejo marchar y le quitó la tapa a la caja, al día siguiente alrededor de la caja había un enjambre de polillas macho que parecían atraídas por la caja vacía.

Pensó que aquello se debía de producir por que la hembra había dejado algún olor que atraía al macho, Fabre no podía estudiar el fenómeno, pero dejó escritas sus experiencias.

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Años más tarde Adolf Butenandt, bioquímico alemán galardonado con el Nobel de química del 1939 por sus trabajos sobre las hormonas sexuales, en 1959 junto con Peter Kalson introdujo el concepto de Feromona.

Butenandt, fue el que verdaderamente dio nombre al fenómeno que años atrás definió Fabre, ahora sabemos que aquel olor era el de una feromona, es decir el de una sustancia química secretada por un organismo, que es recogida por otros miembros de la misma especie y que provoca una respuesta conductual.

Butenandt, tomó muestras de las glándulas de las polillas hembras, extrajo con disolventes, purificó con destilación fraccionada, hasta que consiguió una cantidad significativa de un compuesto al que bautizo con el nombre de Bombykol.

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Con los medios que se tenían en aquellos tiempos, estudió la estructura, seguidamente sintetizó  el bombykol, preparó los isómeros posibles y encontró que uno de ellos era el más eficaz ante la polilla macho y se consideró esta como la estructura principal, un largo hidrocarburo simple de 16 carbonos, con dos dobles enlaces (cis-trans) y un grupo alcohol en un extremo

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Prácticamente aquí acaba la historia que estudió nuestro joven científico y la pregunta del millón que se hizo fue- que hemos ganado, con la feromona, si lo más practico era desinfectar el arcón de la abuela y acabar con las polillas-

Pero por suerte, hay quien piensa un poco más y vieron en las feromonas un potencial para poder usar en otros campos.

Las feromonas son un arma química muy eficaz contra ciertos insectos, en lugar de matar las plagas con venenos que a la larga las hacen inmunes a ellos, se pueden usar para confundir y desviar las plagas fuera de los campos de cultivo, salvando así las cosechas, por otro lado son productos biodegradables, no contaminan el ambiente, al ser específicas para cada especie no actúan sobre otras familias de insectos que pueden ser beneficiosos, favoreciendo el equilibrio biológico.

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Este puede ser uno de los campos de aplicación del Bombykol, la posibilidad de utilizar estas moléculas para modificar el medio haciéndolo inadecuado para el fitófago, o simplemente reducir el empleo de los insecticidas químicos convencionales.

Pero como en ciencia las cosas no son de hoy para mañana, sino que hay que ir paso a paso, van apareciendo problemas surgidos del desconocimiento que al parecer existe de cómo funcionan las feromonas, como se tienen que regular y controlar etc…

Han sucedido casos como la confusión de los machos que acostumbrados a niveles altos de excitación ya no reconocen los niveles normales de las hembras , se da el caso de que a menudo los huevos son infértiles  y otras situaciones similares.

Todo esto nos lleva a pensar que se tiene que tener más datos para poder seguir los caminos adecuados

Se están realizando trabajos sobre inhibidores específicos para controlar la producción de feromonas en las hembras ,así como poder controlar en los machos la percepción de las feromonas en las antenas, con la finalidad de que estas no se saturen y pierda la facultad de no identificar a la hembra y por lo tanto  la posibilidad de apareamiento.

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Las feromonas se pueden clasificar en diferentes tipos dependiendo del estímulo:

Feromonas de alarma (avisan del peligro), feromonas   territoriales (marcan territorio), feromonas de congregación (reúnen a las demás componentes en un punto).

La comunicación por feromonas no se limita a los insectos, se extienden al reino animal con la probable excepción de las aves, que se desconoce.

Últimamente al conocerse más sobre el mundo de las feromonas, ha permitido a las autoridades regularlas mediante Real Decreto.

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