¿Los problemas de las partículas pequeñas?

 

 

Que la nanotecnología y los nanomateriales son una realidad de futuro, es algo que no tiene la menor discusión,  después de los avances conseguidos durante los últimos 20 años en gran variedad de sectores tales como el textil. La medicina. La energía. La alimentación  y la cosmética, las comunicaciones etc…

Pero también hace tiempo que hay voces que han tratado sobre el tema de su posible toxicología a corto y largo plazo, sobre el medio ambiente y la salud humana.

Lógicamente el tamaño de los nuevos materiales les confiere una posibilidad de interactuar con el medio que les rodea, dando lugar a propiedades que antes no existían, positivas o negativas, pero sobre todo desconocidas y por lo tanto de difícil gestión en un principio.

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Uno de los sectores que por ahora parece reacio y presenta una enorme incertidumbre en torno al uso de los nanomateriales, es el sector alimentario.

Existen voces discordantes que sugieren, que si los datos que hasta ahora se han manejado, no son de plena fiabilidad, nos podemos encontrar ante una situación similar a la que en su día se provocó con la aparición de los productos genéticamente modificado (GM) y de todos es conocido la situación actual de estos, con el sí y el no a su uso.

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Para muestra nos sobra con un botón, actualmente el Parlamento Alemán, está mareando la perdiz con la posibilidad de eliminar los transgénicos y esto encadenaría a la Unión Europea.

En un post anterior se trató de la situación de alguna multinacional de la alimentación respecto de este tema.

En el año 2009, la Universidad de Ulster (Irlanda del Norte), emitió un comunicado de prensa sobre una investigación que resaltaba un posible vínculo entre nanopartículas, el Alzheimer y el Parkinson.

Un patólogo Vyvyan Howard y Christian Holscher, experto en enfermedades neurovegetativas  estaban investigando si las nanopartículas, incluyendo el dióxido de titanio como ingrediente activo en la protección solar, podían inducir en este tipo de enfermedades.

Ellos observaron que las nanopartículas podían tener un impacto en el mal plegamiento de las proteínas asociadas con dichas patologías.

La contra respuesta a esas investigaciones fueron presentadas por los que defendían que las nanopartículas no penetraban en la piel y que lo que en realidad hacían era formar una barrera protectora.

Según la opinión de Harald Krug , ex jefe de los Laboratorios Federales Suizos de Ciencia de los Materiales , las pruebas de toxicología llevadas a cabo en nanopartículas por los investigadores sin experiencia toxicológica no son de total fiabilidad y lo fundamenta en que en realidad lo que se realiza no es una prueba de toxicidad total ,sino un estudio de como el nanomaterial al penetrar en el cuerpo causa un efecto biológico, que es importante en términos de implicaciones para la salud humana, pero para ser considerada como verdadera ,tiene que identificar la dosis letal, la intermedia y la dosis sin efecto.

Hizo un barrido por 6600 artículos sobre las pruebas realizadas en la captación de nanopartículas a través de la piel, el tracto gastrointestinal y los pulmones, encontrando que había muchos errores

Krug dice que existen estudios en los que se han utilizado niveles muy por encima de los normales de exposición y en algunos casos se utilizaron dosis pequeñas siendo los efectos negativos ,por causa de otras circunstancias como por ejemplo la muerte de la células a las que una mala aglomeración de las nanopartículas no permitía el paso de oxígeno.

Una de la causas de los errores que se cometen , es debido a que a veces los investigadores vienen de otros campos y desconocen la normas básicas para trabajar en este apartado de la ciencia que es la toxicología y son las autoridades las responsables de que exista un manual de procedimientos y validaciones.

Al parecer no todos los trabajos sobre la toxicología de los nanomateriales se publican en las mismas revistas profesionales, sino que muchos van por libres de forma que no existe un común punto de referencia.

Esto preocupa a las autoridades de los EEUU, que están realizando inversiones importantes para canalizar este campo y si es posible hacerlo con una cierta lógica.

Se da el caso de que se han gastado cientos de millones de dólares, en tratar de entender la toxicidad de las partículas de plata manométricas, que por datos históricos existentes, son benignas en los seres humanos. Sin embargo, no ha habido prácticamente ninguna investigación sobre las partículas de los catalizadores en los tubos de escape de los vehículos de una enorme agresividad en el medio ambiente.

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La ciencia se encuentra con el problema del uso abusivo del concepto “nano” ya que de ir las cosas mal, esto causaría problemas en un mercado emergente y de futuro.

En el 2006 un producto de limpieza alemán conocido cono nano mágico, fue retirado del consumo, porque se alegó que producía problemas respiratorios, más tarde se descubrió que el producto no contenía nanopartículas en su composición y que el culpable era el propulsor

Hay que pensar que a veces lo novedoso, no es sinónimo de venta.

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